SANT JORDI

 

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¡De que callada manera
se me adentra usted sonriendo,
como si fuera la primavera !
(Yo, muriendo.)

 

Y de que modo sutil
me derramó en la camisa
todas las flores de abril

 

¿Quién le dijo que yo era
risa siempre, nunca llanto,
como si fuera
la primavera?
(No soy tanto.)

 

En cambio, ¡Qué espiritual
que usted me brinde una rosa
de su rosal principal!

 

De que callada manera
se me adentra usted sonriendo,
como si fuera la primavera
(Yo, muriendo.)

Pabló Milanés Canción (Poema De qué callada manera Autor: Nicolás Guillén)

 

Mario Benedetti, “Corazón coraza”

Porque te tengo y no
porque te pienso
porque la noche está de ojos abiertos
porque la noche pasa y digo amor
porque has venido a recoger tu imagen
y eres mejor que todas tus imágenes
porque eres linda desde el pie hasta el alma
porque eres buena desde el alma a mí
porque te escondes dulce en el orgullo
pequeña y dulce
corazón coraza

porque eres mía
porque no eres mía
porque te miro y muero
y peor que muero
si no te miro amor
si no te miro

porque tú siempre existes dondequiera
pero existes mejor donde te quiero
porque tu boca es sangre
y tienes frío
tengo que amarte amor
tengo que amarte
aunque esta herida duela como dos
aunque te busque y no te encuentre
y aunque
la noche pase y yo te tenga
y no.

Marcharte lejos de mí

El pulso del corazón me late

en centímetros,

y cuenta la distancia

desde cualquier punto geográfico

hasta el beso de tu boca.

Por eso, no se te ocurra jamás,

nunca, por nada,

marcharte lejos de mí.

El pulso de mi corazón

habría de calcular

los km exactos que nos separan,

y se volvería loco de ausencia.

Y créeme que lo sé,

porque cada vez que te vas

se me paran los latidos

y el mundo,

y te extraño como si fueras tú

quien diera cuerda a mi vida.

Y tengo que hacerme la valiente,

y repetirme que, por supuesto,

no me voy a morir sin ti;

mientras siento

que de verdad muero

si no llegas”.

Irela Perea

Poema 8 (Pablo Neruda)

Abeja blanca zumbas -ebria de miel- en mi alma
y te tuerces en lentas espirales de humo.
Soy el desesperado, la palabra sin ecos,
el que lo perdió todo, y el que todo lo tuvo.
Última amarra, cruje en ti mi ansiedad última.
En mi tierra desierta eres la última rosa.

Ah silenciosa!

Cierra tus ojos profundos. Allí aletea la noche.
Ah desnuda tu cuerpo de estatua temerosa.
Tienes ojos profundos donde la noche alea.
Frescos brazos de flor y regazo de rosa.
Se parecen tus senos a los caracoles blancos.
Ha venido a dormirse en tu vientre una mariposa de sombra.

Ah silenciosa!

He aquí la soledad de donde estás ausente.
Llueve. El viento del mar caza errantes gaviotas.
El agua anda descalza por las calles mojadas.
De aquel árbol se quejan, como enfermos, las hojas.
Abeja blanca, ausente, aún zumbas en mi alma.
Revives en el tiempo, delgada y silenciosa.

Ah silenciosa!

Bien se podría titular “Nostalgia de un amor” puesto que el poema es la nostalgia de un amor que no se consigue olvidar y que recuerda, en la primera y última estrofa. En la parte central del mismo, la tercera estrofa, es la descripción de su amada. Del autor, físicamente no se describe, pero si se percibe desesperación, ansiedad, soledad, tristeza y melancolía. Sin conocer personalmente al autor, es fácil comprender tales sentimientos tratándose de un tema tan universal como es el Amor.
En la primera parte, el autor se presenta como la parte afectada de este desamor, que añora a su amada y por ello se siente solo, desesperado y ansioso.
En la segunda parte, nos presenta detalladamente a su amada, la causa de su problema, de su dolor. Es descrita ordenadamente, los ojos, los brazos, el regazo, los senos y el vientre.
Y, en la última parte, vuelve a expresar su soledad metafóricamente a través de la naturaleza, y si nos cabe alguna duda sobre la nostalgia y el dolor vivido, lo recalca con el adverbio “aún” y el verbo “revives” deja claro que ese amor es inolvidable.

Amo, Amor – Gabriela Mistral

Anda libre en el surco, bate el ala en el viento, 
late vivo en el sol y se prende al pinar. 
No te vale olvidarlo como al mal pensamiento: 
¡le tendrás que escuchar! 

Habla lengua de bronce y habla lengua de ave, 
ruegos tímidos, imperativos de mar. 
No te vale ponerle gesto audaz, ceño grave: 
¡lo tendrás que hospedar! 

Gasta trazas de dueño; no le ablandan excusas. 
Rasga vasos de flor, hiende el hondo glaciar. 
No te vale decirle que albergarlo rehúsas: 
¡lo tendrás que hospedar! 

Tiene argucias sutiles en la réplica fina, 
argumentos de sabio, pero en voz de mujer. 
Ciencia humana te salva, menos ciencia divina: 
¡le tendrás que creer! 

Te echa venda de lino; tú la venda toleras. 
Te ofrece el brazo cálido, no le sabes huir. 
Echa a andar, tú le sigues hechizada aunque vieras 
¡que eso para en morir!

Que el amor nos afecta, nadie lo puede negar, ya sea para bien o para mal. Este sentimiento que nace desde las emociones, el físico,  …  tiene tal fuerza que transforma al ser humano que ha caído enamorado.

Primero, compara el amor como un pájaro libre, esa sensación que tenemos cuando nos estamos enamorando y  es imposible concentrarnos por estar continuamente pensando en lo que nos está pasando. Que por más que queramos negarlo, no podemos hacer nada por evitarlo, salvo dejar entrar ese sentimiento. Y su fuerza es tal que ni las críticas externas ni el simular que no está tan dentro como nosotros queremos expresar,  evitarán que el amor se quede y se acepte.

Y sin poder impedirlo, ahí está ese sentimiento, que nos ciega, atonta y transforma hasta el punto quemar y derretir toda nuestra frialdad. No hay ciencia que impida que el amor forme parte de nosotros. Una vez ha venido para quedarse, solo queda la opción de creer  y entregarnos totalmente a él. Porque vivir enamorado nos hace sentir bien, nos da felicidad de saber que no estamos solos, que tenemos donde apoyarnos. Que solo un amor real y sincero es para toda la vida, y que solo la muerte pondrá fin.