“Al-Andalus dicen que quieren… No hay huevos” (Manu Sánchez)

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SANT JORDI

 

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¡De que callada manera
se me adentra usted sonriendo,
como si fuera la primavera !
(Yo, muriendo.)

 

Y de que modo sutil
me derramó en la camisa
todas las flores de abril

 

¿Quién le dijo que yo era
risa siempre, nunca llanto,
como si fuera
la primavera?
(No soy tanto.)

 

En cambio, ¡Qué espiritual
que usted me brinde una rosa
de su rosal principal!

 

De que callada manera
se me adentra usted sonriendo,
como si fuera la primavera
(Yo, muriendo.)

Pabló Milanés Canción (Poema De qué callada manera Autor: Nicolás Guillén)

 

Nikolaus Harnoncourt

Mozart: Late symphonies | Nikolaus Harnoncourt & Concentus Musicus Wien

El violonchelista que se subió al podio
Nikolaus Harnoncourt nació el 6 de diciembre de 1929 en Berlín, aunque desde los dos años vivió en Viena.
En 1952, entró como violonchelista en la Sinfónica de Viena.
Nada podía hacer sospechar al comienzo de su carrera como violonchelista orquestal que poco después despuntaría uno de los grandes revolucionarios del movimiento historicista, aquel que luchó contra viento y marea para despojar a la interpretación de la música barroca de todas las anacrónicas adherencias y oropeles románticos a fin de devolverle sus sonoridades originales Concentus Musicus, el grupo que le acompañó durante toda su carrera, nació en 1953.
Pronto cambió el violonchelo moderno por el barroco y por la viola da gamba.
Grabó más de 50 discos de compositores como Bach, Haydn, Handel, Vivaldi, Mozart.
Es autor de libros como La música como discurso sonoro.
En 1971 arrancó su proyecto más ambicioso, junto con Leonhardt: la grabación de las Cantatas completas de Bach.
Su debut como director llegó en 1972, en Milán, con Il ritorno d’Ulisse in patria de Monteverdi.
En 1983 dirigió por primera vez a la Sinfónica de Viena.

Harnoncourt salió de las trincheras barrocas y empezó a dirigir formaciones modernas. Estableció estrechas relaciones con muchas de ellas (la Orquesta de Cámara de Europa, la Filarmónica de Berlín, la Orquesta del Concertgebouw, la Filarmónica de Viena), que vieron en él, que jamás usó batuta e irradiaba un magnetismo y una seguridad irresistibles, a un iconoclasta que podía enseñarles muchas cosas, como modelar interpretaciones intensas,
angulosas, sin un solo resabio de esa rutina que acecha siempre a los músicos como la hidra de los celos de Yago.
Ganó decenas de premios, entre ellos un Grammy, y la Universidad Mozarteum de Salzburgo le nombró doctor Honoris Causa en 2008.

Nos ha dejado un legado inmenso, sin duda.