NO TE CONVIERTAS EN QUIÉN TE HIRIÓ

No permitas que tus heridas hieran a otros porque así es como las mantienes abiertas y sangrando en ti.
No tienes que perdonarle.
No tienes que agradecerle.
No tienes que desearle que le vaya bonito.
Ni tan siquiera… tienes que olvidarlo.
Sólo necesitas seguir caminando como puedas con esa cicatriz tatuada en tu Corazón.
No eres la vergüenza ni la culpa que sientes.
No eres tu historia.
ERES lo que haces con ella.
Acepta todos y cada uno de tus pensamientos, de tus emociones y de tus sentimientos.
Están en ti, pero tampoco SON tú.
Eres mucho más de lo que te han machacado.
De lo que te han maltratado.
De lo que te han abusado.
De lo que te han insultado.
De lo que te han vejado.
De lo que te han engañado.
De lo que te han humillado.
De lo que te han abandonado.
De lo que te han mentido.
De lo que te han burlado.
Ellos/ellas se convirtieron en quien les hirió.
No caigas tú también en la misma trampa.
Que el AMOR venza al rencor, a la venganza y al miedo.
Depende de ti.
Nadie, excepto tú mismo, te puede arrebatar la Libertad de SER quien quieras ser.

EMMA

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Mario Benedetti, “Corazón coraza”

Porque te tengo y no
porque te pienso
porque la noche está de ojos abiertos
porque la noche pasa y digo amor
porque has venido a recoger tu imagen
y eres mejor que todas tus imágenes
porque eres linda desde el pie hasta el alma
porque eres buena desde el alma a mí
porque te escondes dulce en el orgullo
pequeña y dulce
corazón coraza

porque eres mía
porque no eres mía
porque te miro y muero
y peor que muero
si no te miro amor
si no te miro

porque tú siempre existes dondequiera
pero existes mejor donde te quiero
porque tu boca es sangre
y tienes frío
tengo que amarte amor
tengo que amarte
aunque esta herida duela como dos
aunque te busque y no te encuentre
y aunque
la noche pase y yo te tenga
y no.

Poema XVII- Neruda

Pensando, enredando sombras en la profunda soledad.
Tú también estás lejos, ah más lejos que nadie.
Pensando, soltando pájaros, desvaneciendo imágenes,
enterrando lámparas.

Campanario de brumas, qué lejos, allá arriba!
Ahogando lamentos, moliendo esperanzas sombrías,
molinero taciturno,
se te viene de bruces la noche, lejos de la ciudad.

Tu presencia es ajena, extraña a mí como una cosa.
Pienso, camino largamente, mi vida antes de ti.
Mi vida antes de nadie, mi áspera vida.
El grito frente al mar, entre las piedras,
corriendo libre, loco, en el vaho del mar.
La furia triste, el grito, la soledad del mar.
Desbocado, violento, estirado hacia el cielo.

Tú, mujer, qué eras allí, qué raya, qué varilla
de ese abanico inmenso? Estabas lejos como ahora.
Incendio en el bosque! Arde en cruces azules.
Arde, arde, llamea, chispea en árboles de luz.
Se derrumba, crepita. Incendio. Incendio.
Y mi alma baila herida de virutas de fuego.
Quien llama? Qué silencio poblado de ecos?
Hora de la nostalgia, hora de la alegría, hora de la soledad,
hora mía entre todas!

Bocina en que el viento pasa cantando.
Tanta pasión de llanto anudada a mi cuerpo.
Sacudida de todas las raíces,
asalto de todas las olas!
Rodaba, alegre, triste, interminable, mi alma.

Pensando, enterrando lámparas en la profunda soledad.
Quién eres tú, quién eres?
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Marcharte lejos de mí

El pulso del corazón me late

en centímetros,

y cuenta la distancia

desde cualquier punto geográfico

hasta el beso de tu boca.

Por eso, no se te ocurra jamás,

nunca, por nada,

marcharte lejos de mí.

El pulso de mi corazón

habría de calcular

los km exactos que nos separan,

y se volvería loco de ausencia.

Y créeme que lo sé,

porque cada vez que te vas

se me paran los latidos

y el mundo,

y te extraño como si fueras tú

quien diera cuerda a mi vida.

Y tengo que hacerme la valiente,

y repetirme que, por supuesto,

no me voy a morir sin ti;

mientras siento

que de verdad muero

si no llegas”.

Irela Perea