DISLEXIA

Diagnóstico
“Para poder diagnosticar la dislexia, el niño debe de tener un retraso de la lectura de al menos dos años o situarse en 1,5 desviaciones típicas por debajo de la media en las pruebas de lectoescritura. Su cociente intelectual tiene que encontrarse dentro del rango de la normalidad, nunca por debajo de 80, y descartar que no haya otros problemas, como, por ejemplo, un déficit de atención”, hay unos signos de alarma que pueden poner en sobre aviso de que algo pasa.
Así, si un niño invierte los números y las letras, comete rotaciones y confunde las letras b-d y p-q, tiene muchos problemas en la asociación del fonema con el grafema, es decir no llega asociar cada letra con su sonido, le cuesta realizar ejercicios de conciencia fonológica, no es capaz de separar las sílabas: a-be-ja, se salta de forma habitual renglones cuando lee en voz alta, inventa un número elevado de palabras y tiene verdadera aversión a leer y a escribir hay que pedir ayuda porque puede tener dislexia.

Dificultad, no impedimento
Su nombre oficial: trastorno del aprendizaje de la lectura y de la escritura.
Es una variación en la capacidad innata para adquirir este sistema (lectura y escritura) que no es connatural al humano, como es el lenguaje hablado. Una persona puede tener más o menos capacidad para descubrir y automatizar la lectura y la escritura, como se puede tener más o menos capacidad para tocar la guitarra o para la danza, pero esto no quiere decir que no pueda llegar a leer o a escribir. Lo tienen más difícil que otros niños que leen ya en Infantil, pero acaban aprendiendo a leer”.
Para empezar a leer se tienen que dar tres requisitos: dominar bien la lengua oral (que no está madura hasta los seis años), trabajar la metacognición del lenguaje oral y saber que las palabras se descomponen en sílabas, las sílabas en sonidos y conocer su relación con la grafía. Cuando el niño domina su lenguaje oral le resulta más fácil leer y escribir.
Lo que les pasa a los niños con dificultades para adquirir la lectura y la escritura es que cuando leen no lo hacen automáticamente ni de forma placentera. Aprenden a leer, pero con más trabajo y lentitud. Adquieren un nivel de lectura útil para desenvolverse en la vida, pero no se aficionan al placer de la lectura”.
Una cosa que deja tranquilos a los especialistas es que en los niños que tienen dificultad para adquirir la lectoescritura no existe ninguna lesión cerebral. “No se ha determinado ninguna anomalía cerebral que se corresponda a los problemas del aprendizaje de la lectura. Si ocurriera esto, la esperanza para poder solventar estos problemas sería nula y sabemos que con la dirección adecuada, el niño acaba leyendo. Si hubiera un impedimento anatómico sería mucho más complicado.
Una vez que ya se ha detectado el problema se deben establecer pautas para mejorar la lectoescritura: acompañar a los niños que tienen problemas para leer con ejercicios específicos les ayuda a mejorar su lectura; grabarle de vez en cuando para que se escuche cuando lee y, de esta forma, aumentar su motivación hacia la lectura. Si omite alguna palabra o vemos que con alguna tiene más dificultades o se la salta, le pediremos que lea en voz baja, que detecte esa palabra y posteriormente que la escriba en su cuaderno y la lea varias veces para que adquiera habilidad articulatoria y le pierda miedo.
Hay que animar a que los niños lean y para esto no hay mejor ejemplo que el que le puedan dar sus padres. Y para hacerle atractiva la lectura, en un primer momento hay que leerle y una vez que está interesante la historia hay que dejarle que siga por sí mismo.
Los niños con dislexia suelen ser muy conscientes de sus dificultades. Normalmente, tienen una autoestima baja y necesitan mucha motivación y refuerzo positivo. Los adultos del entorno del niño son los responsables de llevar a la práctica en el aula, las pautas a tener en cuenta. También es responsabilidad del adulto crear un buen ambiente y una actitud positiva ante el compañero que presenta dificultades lectoescritoras.
Para que sigan mejor las clases, se recomienda que los alumnos con problemas para la lectura y la escritura se sitúen en las primeras filas, cerca del profesor y de la pizarra.
Desde hace unos años, en las aulas se siguen unas pautas para la evaluación de los alumnos con dislexia, que se aplican en los exámenes y en otras herramientas para la evaluación de los conocimientos adquiridos.
Entre estas medidas se contempla la adaptación de los tiempos para realizar los exámenes, incrementándolos hasta un máximo de un 35% sobre el tiempo previsto para el resto de los alumnos. También se puede adaptar el modelo de examen, el tipo y el tamaño de la fuente en el texto del examen.
A estos alumnos también se les permite utilizar hojas en blanco y hacer los exámenes de manera oral, situación que les ayuda en gran medida y les da tranquilidad. Otra medida para facilitarle los exámenes es realizar una lectura en voz alta de los enunciados de las preguntas al comienzo de la prueba y que ésta se haga en un aula separada para evitar distracciones.

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3 comentarios en “DISLEXIA

    1. Muchas gracias, me parece genial la página. Lástima que no estéis a mi alcance. A mi hijo se lo diagnosticaron pero el informe de la profesional que le hizo el estudio no tiene validez y necesito saber qué profesional emite un “Certificado” que sirva para que se lo tengan en cuenta a la hora de matricularse.

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