PÍDEME LO QUE QUIERAS (Megan Maxwell)

Tras la muerte de su padre, el prestigioso empresario alemán Eric Zimmerman decide viajar a España para supervisar las delegaciones de la empresa Müller. En la oficina central de Madrid conoce a Judith, una joven ingeniosa y simpática de la que se encapricha de inmediato. Judith sucumbe a la atracción que el alemán ejerce sobre ella y acepta formar parte de sus juegos sexuales, repletos de fantasías y erotismo. Junto a él aprenderá que todos llevamos dentro un voyeur, y que las personas se dividen en sumisas y dominantes… Pero el tiempo pasa, la relación se intensifica y Eric empieza a temer que se descubra su secreto, algo que podría marcar el principio o el fin de la relación.

“Esa noche, tras una tarde de risas y confidencias con la ahora ¡alocada de mi hermana!, enciendo el ordenador nada más irse las dos y me quedo ojiplática. ¡He recibido un correo de Eric! Nerviosa, lo abro y me sorprende ver que lleva un archivo adjunto. Abro el archivo y veo una foto mía de la noche anterior, bailando como una loca con los brazo en alto. Eso me cabrea. ¿Me ha vuelto a espiar?

Pienso en contestarle. Comienzo a escribir, diciéndole de todo menos bonito. Pero no… me niego a darle ese gusto y lo borro de un plumazo. Finalmente, apago el portátil y, con un enfado impresionante, me voy a la cama. Nueva noche en blanco.”

“¿Cómo puedes ser tan frío?

Con práctica

Resoplo y, sin poder contener mi furia, me levanto del suelo.

Me desesperas, Eric. No puedo con tu manera de ser. A veces te comería a besos, pero otras te mataría. Y ésta es una de esas veces. Siempre te crees el rey del mundo. El rey de la razón. El rey del universo. Eres un cabezón, un mandón, un intransigente y..”

“¡Por fin mi hijo se deja querer¡

Emocionada y divertida sonrío y me acerco a ella.

Ha sido un hueso duro de roer ¡Te lo aseguro!

¡Ay Jud…! Lo que no sé es cómo una chica tan simpática como tú lo aguanta. Eric tiene un humor de mil demonios.  Bueno… me imagino que de eso ya te habrás dado cuenta tú.  Cuando se le mete algo en la cabeza, no para hasta conseguirlo.

Jud, ¿puedo hacerte una pregunta?

Claro, Sonia.

¿Qué sabes de Eric?

Entiendo por dónde va y respondo:

Si te refieres a Flyn, a Betta y a su enfermedad, lo sé todo.  Me lo explicó y lo sigo queriendo.

Eric merece a alguien como tú. Una persona que lo quiera y lo comprenda.

Es fácil quererlo. Sólo tiene que dejarse.”

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